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Galileo Galilei
(Pisa,
15 de febrero
de
1564[4]
-
Florencia,
8 de enero
de
1642[1]
[5]
), fue un
astrónomo,
filósofo,
matemático
y
físico
que estuvo relacionado estrechamente con la
revolución científica.
Eminente hombre del
Renacimiento,
mostró interés por casi todas las
ciencias
y
artes
(música,
literatura,
pintura).
Sus logros incluyen la mejora del
telescopio,
gran variedad de observaciones astronómicas, la
primera ley del movimiento
y un apoyo determinante para el
copernicanismo.
Ha sido considerado como el "padre de la astronomía moderna", el
"padre de la física moderna"[6]
y el "padre de la ciencia".
Su trabajo experimental es considerado complementario a los
escritos de
Francis Bacon
en el establecimiento del moderno
método científico
y su carrera científica es complementaria a la de
Johannes Kepler.
Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas
aristotélicas
y su enfrentamiento con la
Iglesia Católica Romana
suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la
autoridad
y la
libertad de pensamiento
en la
sociedad occidental.[7]
Nacimiento e infancia


Galileo Galilei
Galileo nació en Pisa,
Italia,
el 15 de febrero de 1564. Hijo mayor de siete hermanos, su padre
Vincenzo Galilei,
nacido en
Florencia
en
1520,
era matemático y músico, y deseaba que su hijo estudiase
medicina. Su familia pertenecía a la baja nobleza y se ganaban
la vida con el
comercio.
Hasta la edad de diez años fue educado por sus padres. Éstos se
mudaron a Florencia, dejando al religioso Jacobo Borghini,[1]
vecino a cargo de Galileo. Por medio de éste, accedió al
convento de
Santa María de Vallombrosa
en
Florencia
donde recibió una formación religiosa.
Galileo no prosiguió con la carrera eclesiástica por mucho
tiempo, pues su padre, aprovechándose de una enfermedad de los
ojos de su hijo, se lo llevó a Florencia en 1579.
Dos años más tarde, su padre lo inscribe en la
universidad de Pisa,
donde seguirá cursos de
Medicina,
Matemática[8]
y de
Filosofía.
El descubrimiento de su vocación
En
1583
Galileo se inicia en la
matemática
por medio de
Ostilio Ricci,
un amigo de la familia, alumno de
Tartaglia.
Ricci tenía la costumbre, rara en esa época, de unir la teoría a
la práctica experimental.
Atraído por la obra de
Euclides,
sin ningún interés por la
medicina
y todavía menos por las disputas
escolásticas
y la filosofía
aristotélica,
Galileo reorienta sus estudios hacia las
matemáticas.
Desde entonces, se siente seguidor de
Pitágoras,
de
Platón
y de
Arquímedes
y opuesto al aristotelismo. Todavía estudiante, descubre la ley
de la isocronía de los péndulos, primera etapa de la que será el
descubrimiento de una nueva ciencia: la
mecánica.
Dentro de la corriente
humanista,
redacta también un panfleto feroz contra el profesorado de su
tiempo. Toda su vida, Galileo rechazará el ser comparado a los
profesores de su época, lo que le supondrá numerosos enemigos.
Dos años más tarde, retorna a Florencia sin diploma, pero con
grandes conocimientos y una gran curiosidad científica.
Antes del telescopio
De Florencia a Pisa (1585-1592)
Galileo comienza por demostrar muchos teoremas sobre el centro
de
gravedad
de ciertos sólidos dentro de Theoremata circa centrum
gravitatis solidum y emprende en
1586
la reconstitución de la
balanza hidrostática
de
Arquímedes
o bilancetta. Al mismo tiempo, continúa con sus estudios
sobre las oscilaciones del
péndulo pesante
e inventa el pulsómetro. Este aparato permite ayudar a medir el
pulso y suministra una escala de
tiempo,
que no existía aún a la época. También comienza sus estudios
sobre la caída de los cuerpos.
En
1588,
es invitado por la Academia Florentina a presentar dos lecciones
sobre la forma, el lugar y la dimensión del Infierno de
Dante.
Paralelamente a sus actividades, busca un empleo de profesor en
una universidad; se encuentra entonces con grandes personajes,
como el padre
jesuita
Christopher Clavius,
excelencia de la matemática al Colegio pontifical. Se encuentra
también con el matemático
Guidobaldo del Monte.
Este último recomienda Galileo al duque
Fernando I de Toscana,
que le nombra para la cátedra de matemáticas de la
universidad de Pisa
por 60 escudos de oro por año — una miseria. Su lección
inaugural tendrá lugar el
12 de noviembre
1589.
En
1590
y
1591,
descubre la
cicloide
y se sirve de ella para dibujar arcos de puentes. Igualmente
experimenta sobre la caída de los cuerpos y redacta su primera
obra de mecánica, el De motu. La realidad es que estas
« experiencias » son puestas en duda hoy por hoy y sería una
invención de su primer biógrafo,
Vincenzo Viviani.
Este volumen contiene ideas nuevas para la época, pero expone
también, evidentemente los principios de la escuela aristotélica
y el sistema de
Ptolomeo.
Galileo los enseñará durante mucho tiempo después de estar
convencido de la exactitud del sistema
copernicano,
falto de pruebas tangibles.
La universidad de Padua (1592-1610)
En
1592
se trasladó a la
Universidad de Padua
y ejerció como profesor de
geometría,
mecánica
y
astronomía
hasta
1610.[9]
La marcha de Pisa se explica por diferencias con uno de los
hijos del gran duque
Fernando I de Toscana.
Padua
pertenecía a la poderosa
República de Venecia,
lo que dio a Galileo una gran libertad intelectual, pues la
Inquisición
no era poderosa allí. Incluso si
Giordano Bruno
había sido entregado por los
patricios
de la república a la Inquisición, Galileo podía efectuar sus
investigaciones sin muchas preocupaciones.
Enseña Mecánica Aplicada, Matemática,
Astronomía
y Arquitectura militar[10]
. Después de la muerte de su padre en
1591,
Galileo debe ayudar a cubrir las necesidades de la familia. Se
pone a dar numerosas clases particulares a los estudiantes
ricos, a los que aloja en su casa. Pero no es un buen gestor y
sólo la ayuda financiera de sus protectores y amigos le permiten
equilibrar sus cuentas.
En
1599,
Galileo participa en la fundación de la Accademia dei Ricovrati
con el abad
Federico Cornaro.
El mismo año, Galileo se encuentra con Marina Gamba, una joven
veneciana con la cual mantendrá una relación hasta
1610
(no se casan ni viven bajo el mismo techo). En
1600,
nace su primera hija Virginia, seguida por su hermana Livia en
1601,
luego un hijo, Vincenzo, en
1606.
Después de la separación (no conflictiva) de la pareja, Galileo
se encarga de sus hijos y enviará más tarde sus hijas a un
convento; ya que el abuelo sentencia que son incasables al ser
ilegítimas.[11]
En cambio el varón Vincenzo será
legitimizado
y se casará con Sestilia Bocchineri.[12]
El año 1604
1604 es un año mirabilis para Galileo :
-
En julio, prueba su bomba de agua en un jardín de
Padua ;
-
En octubre, descubre la ley del movimiento uniformemente
acelerado, que él asocia a una ley de velocidades erróneas ;
-
En diciembre, comienza sus observaciones de una
nova
conocida al menos desde el 10 octubre. Consagra 5 lecciones
sobre el tema el mes siguiente, y en febrero 1605 publica
Dialogo de Cecco di Ronchitti in Perpuosito de la Stella Nova
junto con D.
Girolamo Spinelli.
Aunque la aparición de una nueva estrella, y su desaparición
repentina entra en total contradicción con la teoría
establecida de la inalterabilidad de los cielos, Galileo
continúa todavía como aristotélico en público, pero en privado
ya es copernicano. Espera la prueba irrefutable sobre la cual
apoyarse para denunciar el aristotelismo.
Retomando sus estudios sobre el movimiento, Galileo «muestra»
que los proyectiles siguen, en el vacío, trayectorias
parabólicas. Hará falta la
gravitación universal
de
Newton,
para generalizar a los misiles balísticos, donde las
trayectorias son en efecto elípticas.
De
1606
a
1609
En
1606,
Galileo construye su primer termoscopio, primer aparato
de la historia que permite comparar de manera objetiva el nivel
de calor y de frío. Ese mismo año, Galileo y dos de sus amigos
caen enfermos el mismo día de una misma
enfermedad infecciosa.
Sólo sobrevive Galileo, que permanecerá lisiado de reumatismo
por el resto de sus días.
En los dos años que siguen, el sabio estudia las estructuras de
los
imanes.
Todavía se pueden contemplar sus trabajos en el museo de
historia de Florencia.
El telescopio y sus consecuencias
Invención del telescopio
En mayo de
1609,
Galileo recibe de
París
una carta del francés
Jacques Badovere,
uno de sus antiguos alumnos, quien le confirma un rumor
insistente: la existencia de un telescopio que permite ver los
objetos lejanos. Fabricado en
Holanda,
este telescopio habría permitido ya ver estrellas invisibles a
simple vista. Con esta única descripción, Galileo, que ya no da
cursos a
Cosme II de Médicis,
construye su primer telescopio. Al contrario que el telescopio
holandés, éste no deforma los objetos y los aumenta 6 veces, o
sea el doble que su oponente. También es el único de la época
que consigue obtener una imagen derecha gracias a la utilización
de una lente divergente en el ocular. Este invento marca un giro
en la vida de Galileo.
El
21 de agosto,
apenas terminado su segundo telescopio (aumenta ocho o nueve
veces), lo presenta al Senado de
Venecia.
La demostración tiene lugar en la cima del
Campanile
de la
plaza de San Marco.
Los espectadores quedan entusiasmados: ante sus ojos,
Murano,
situado a 2 km y medio, parece estar a 300 m solamente.
Galileo ofrece su instrumento y lega los derechos a la
República de Venecia,
muy interesada por las aplicaciones militares del objeto. En
recompensa, es confirmado de por vida en su puesto de
Padua
y sus emolumentos se duplican. Se libera por fin de las
dificultades financieras.
Sin embargo, contrario a sus alegaciones, no dominaba la teoría
óptica y los instrumentos fabricados por él son de calidad muy
variable. Algunos telescopios son prácticamente inutilizables
(al menos en observación astronómica). En abril de
1610,
en
Bologna,
por ejemplo, la demostración del telescopio es desastrosa, como
así lo informa Martin Horky en una carta a
Kepler.
Galileo reconoció en marzo de 1610 que, entre más de 60
telescopios que había construido, solamente algunos eran
adecuados. Numerosos testimonios, incluido el de
Kepler,
confirman la mediocridad de los primeros instrumentos.
La observación de la Luna
Durante el otoño, Galileo continuó desarrollando su telescopio.
En noviembre, fabrica un instrumento que aumenta veinte veces.
Emplea tiempo para volver su telescopio hacia el cielo.
Rápidamente, observando las fases de la
Luna,
descubre que este astro no es perfecto como lo quería la teoría
aristotélica. La física aristotélica, que poseía autoridad en
esa época, distinguía dos mundos:
-
el mundo « sublunar »,
que comprende la Tierra y todo lo que se encuentra entre la
Tierra y la Luna; en este mundo todo es imperfecto y
cambiante;
-
el mundo « supralunar »,
que comienza en la Luna y se extiende más allá. En esta zona,
no existen más que formas geométricas perfectas (esferas) y
movimientos regulares inmutables (circulares).
Galileo, por su parte, observó una zona transitoria entre la
sombra y la luz, el
terminador,
que no era para nada regular, lo que por consiguiente invalidaba
la teoría aristotélica y afirma la existencia de montañas en la
Luna. Galileo incluso estima su altura en 7000 metros, más que
la montaña más alta conocida en la época. Hay que decir que los
medios técnicos de la época no permitían conocer la altitud de
las montañas terrestres sin fantasías. Cuando Galileo publica su
Sidereus Nuncius
piensa que las montañas lunares son más elevadas que las de la
Tierra, si bien en realidad son equivalentes.
La cabeza pensando en las estrellas
En pocas semanas, descubrirá la naturaleza de la
Vía láctea,
cuenta las estrellas de la
constelación de Orión
y constata que ciertas
estrellas
visibles a simple vista son, en verdad, cúmulos de estrellas.
Galileo observa los anillos de
Saturno
pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas
solares.
El
7 de enero
1610,
Galileo hace un descubrimiento capital: remarca 3
estrellas
pequeñas en la periferia de
Júpiter.[13]
Después de varias noches de observación, descubre que son cuatro
y que giran alrededor del
planeta.
Se trata de los
satélites
de Júpiter, que llama
Calixto,
Europa,
Ganimedes
e
Io,
(llamadas hoy
satélites galileanos).
El
4 de marzo
1610,
publica en
Florencia
sus descubrimientos dentro de El mensajero de las estrellas
(Sidereus
Nuncius),
resultado de sus primeras observaciones estelares.
Para él,
Júpiter
y sus satélites son un modelo del
Sistema Solar.
Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de
cristal de
Aristóteles
no existen y que todos los cuerpos celestes no giran alrededor
de la
Tierra.
Es un golpe muy duro a los aristotélicos. Él corrige también a
ciertos copernicanos que pretenden que todos los cuerpos
celestes giran alrededor del
Sol.
A fin de protegerse de la necesidad y sin duda deseoso de
retornar a Florencia, Galileo llamará los satélites de Júpiter
por algún tiempo los « astros mediciens », en honor de
Cosme II de Médicis,
su antiguo alumno y
gran duque de Toscana.
Galileo no ha dudado entre Cosmica sidera y Medicea
sidera. El juego de palabras « Cosmica = Cosme » es
evidentemente voluntario y es sólo después de la primera
impresión que retiene la segunda denominación.
El
10 de abril,
muestra estos astros a la corte de Toscana. Es un triunfo. El
mismo mes, da tres cursos sobre el tema en Padua. Siempre en
abril,
Johannes Kepler
ofrece su apoyo a Galileo. El astrónomo alemán no confirmará
verdaderamente este descubrimiento — pero con entusiasmo — hasta
septiembre, gracias a una lente ofrecida por Galileo en persona.
Observaciones en Florencia, presentación en Roma
El
10 de julio
1610,
Galileo deja
Venecia
para trasladarse a
Florencia.
A pesar de los consejos de sus amigos Sarpi y Sagredo, que temen
que su libertad sea restringida, él ha, en efecto, aceptado el
puesto de Primer Matemático de la
Universidad de Pisa
(sin carga de cursos, ni obligación de residencia) y aquél de
Primer Matemático y Primer Filósofo del
gran duque de Toscana.
El
25 de julio
1610,
Galileo orienta su
lente astronómica
hacia
Saturno
y descubre su extraña apariencia. Serán necesarios 50 años e
instrumentos más poderosos para que
Christiaan Huygens
comprenda la naturaleza de los
anillos de Saturno.
El mes siguiente, Galileo encuentra una manera de observar el
Sol
en el telescopio y descubre las
manchas solares.
Les da una explicación satisfactoria.
En septiembre
1610,
prosiguiendo con sus observaciones, descubre las fases de
Venus.
Para él, es una nueva prueba de la verdad del sistema
copernicano, pues es fácil de interpretar este fenómeno gracias
a la hipótesis
heliocéntrica,
puesto que es mucho más difícil de hacerlo basándose en la
hipótesis
geocéntrica.
Fue invitado el
29 de marzo
1611
por el
cardenal
Maffeo Barberini
(futuro
Urbano VIII)
a presentar sus descubrimientos al Colegio pontifical de
Roma
y en la joven
Academia de los Linces.
Galileo permanecerá dentro de la capital pontifical un mes
completo, durante el cual recibe todos los honores. La Academia
de los Linces le reserva un recibimiento entusiasta y le admite
como su sexto miembro. Desde ese momento, el lince de la
academia adornará el
frontispicio
de todas las publicaciones de Galileo.[14]
El
24 de abril
1611,
el Colegio Romano, compuesto de
jesuitas
de los cuales
Christopher Clavius
es el miembro más eminente, confirma al
cardenal
Belarmino
que las observaciones de Galileo son exactas. No obstante, los
sabios se guardan bien de confirmar o de denegar las
conclusiones hechas por el florentino.
Galileo retorna a Florencia el
4 de junio.
Galileo atacado y condenado por las autoridades
La oposición se organiza
Galileo parece ir de triunfo en triunfo y convence a todo el
mundo. Por tanto, los partidarios de la teoría
geocéntrica
según
Aristóteles
se convierten en enemigos encarnizados y los ataques contra él
comienzan con la aparición de Sidereus Nuncius. Ellos no
pueden permitirse el perder la afrenta y no quieren ver su
ciencia puesta en cuestión.
Además, los métodos de Galileo, basados en la observación y la
experiencia en vez de la autoridad de los partidarios de las
teorías geocéntricas (que se apoyan sobre el prestigio de
Aristóteles), están en oposición completa con los suyos, hasta
tal punto que Galileo rechaza compararse con ellos.
Al principio, solo se tratan de escaramuzas. Pero Sagredo
escribe a Galileo, recién llegado a Florencia: « El poder y
la generosidad de vuestro príncipe (el duque de Toscana)
permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y
vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién
puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos
duramente agitado por los vientos furiosos de los celos? ».
La primera flecha viene de Martin Horky, discípulo del profesor
Magini y enemigo de Galileo. Este asistente publica en junio
1610,
sin consultar a su maestro, un panfleto contra el Sidereus
Nuncius. Exceptuando los ataques personales, su argumento
principal es el siguiente
« Los astrólogos han hecho sus horóscopos teniendo en cuenta
todo aquello que se mueve en los cielos. Por lo tanto los astros
mediceos no sirven para nada y, Dios no crea cosas inútiles,
estos astros no pueden existir. »
Horky es ridiculizado por los seguidores de Galileo, que
responden que estos astros sirven para una cosa: hacerle
enfadar. Convertido en el hazmerreír de la universidad, Horky
finalmente es recriminado por su maestro: Magini no tolera un
fallo tan claro. En el mes de agosto, un tal Sizzi intenta el
mismo tipo de ataque con el mismo género de argumentos, sin
ningún éxito.
Una vez que las observaciones de Galileo fueron confirmadas por
el Colegio romano, los ataques cambiaron de naturaleza.
Ludovico Delle Combe
ataca sobre el plan religioso y se pregunta si Galileo cuenta
con interpretar la
Biblia
para ponerla de acuerdo con sus teorías. En esta época en
efecto, antes de los trabajos
exegéticos
del
siglo XIX,
el salmo 93 (92) da a entender una
cosmología
geocéntrica
(dentro de la línea : « Tú has fijado la tierra firme e
inmóvil. »)
El cardenal
Belarmino,
que hizo quemar a
Giordano Bruno,
ordena que la
Inquisición
realice una investigación discreta sobre Galileo a partir de
junio de
1611.
Los ataques se hacen más violentos


Galileo ante el
Santo Oficio
Galileo, de retorno a
Florencia,
es inatacable desde el punto de vista astronómico. Sus
adversarios van entonces a criticar su teoría de los cuerpos
flotantes. Galileo pretende que el hielo flota porque es más
ligero que el agua, mientras que los aristotélicos piensan que
flota porque es de su naturaleza el flotar. (Física cuantitativa
y matemática de Galileo contra física cualitativa de
Aristóteles).
El ataque tendrá lugar durante un almuerzo en la mesa de Cosme
II en el mes de septiembre
1611.
Galileo se opone a los profesores de
Pisa
y en especial al mismo Delle Combe, durante lo que se denomina
la « batalla de los cuerpos flotantes ». Galileo sale victorioso
del intercambio. Varios meses más tarde, sacará una obra en la
que se presentará su teoría.
Además de estos asuntos, Galileo continúa con sus
investigaciones. Su sistema de determinación de longitudes es
propuesto en
España
por el embajador de
Toscana.
En
1612,
emprende una discusión con « Apelles latens post tabulam »
(seudónimo del
jesuita
Christopher Scheiner),
un astrónomo alemán, sobre el tema de las
manchas solares.
Apelles defiende la incorruptibilidad del
Sol
argumentando que las manchas son en realidad conjuntos de
estrellas entre el
Sol
y la
Tierra.
Galileo demuestra que las manchas están sobre la superficie
misma del
Sol,
o tan próximas que no se puede medir su altitud. La
Academia de los Linces
publicará esta correspondencia el
22 de marzo
1613
con el título de 'Istoria e dimostrazioni intorno alle
marchie solari e loro accidenti. Scheiner terminará por
adherirse a la tesis galileana.
El
2 de noviembre
1612,
las querellas reaparecen. El
dominico
Niccolo Lorini, profesor de historia eclesiástica en
Florencia,
pronuncia un sermón resueltamente opuesto a la teoría de la
rotación de la Tierra. Sermón sin consecuencias particulares,
pero que marca los comienzos de los ataques religiosos. Los
opositores utilizan el pasaje bíblico (Libro
de Josué
10, 12-14) en el cual
Josué
detiene el movimiento del Sol y de la Luna, como arma teológica
contra Galileo.
En diciembre
1613,
el profesor
Benedetto Castelli,
antiguo alumno de Galileo y uno de sus colegas en
Pisa,
es encargado por la duquesa
Cristina de Lorena
de probar la ortodoxia de la doctrina copernicana. Galileo
vendrá en ayuda de su discípulo escribiéndole una carta el
21 de diciembre
1613
(traducida como Galileo, diálogos y cartas selectas)
sobre la relación entre ciencia y religión. La gran duquesa se
tranquiliza, pero la controversia no se debilita.
Galileo mientras tanto continúa con sus trabajos. Del
12
al
15 de noviembre,
recibe a
Jean Tarde,
a quien presenta su
microscopio
y sus trabajos de astronomía.
El
20 de diciembre,
el padre Caccini ataca muy violentamente a Galileo en la iglesia
Santa Maria Novella. El
6 de enero
un copernicano, el carmelita Paolo Foscarini, publica una carta
tratando positivamente la opinión de los
pitagóricos
y de Copérnico sobre la movilidad de la Tierra. Él percibe el
sistema copernicano como una realidad física. La controversia
toma una amplitud tal que el cardenal Bellarmino debe intervenir
el
12 de abril.
Éste escribe una carta a Foscarini donde condena sin equívocos
la tesis heliocéntrica en ausencia de refutación concluyente del
sistema geocéntrico.
Como reacción, Galileo escribe a
Cristina de Lorena
una carta extensa en la cual desarrolla admirablemente sus
argumentos en favor de la ortodoxia del sistema copernicano.
Esta carta es, también, muy difundida. Esta carta, escrita hacia
abril de
1615,
es una pieza esencial del dossier. Ahí se ven los pasajes de las
escrituras que poseen problemas desde un punto de vista
cosmológico.
A pesar de ello, Galileo es obligado a presentarse en Roma para
defenderse contra las calumnias y sobre todo para tratar de
evitar una prohibición de la doctrina copernicana. Pero le falta
la prueba irrefutable de la rotación de la Tierra para apoyar
sus requerimientos. Su intervención llega demasiado tarde :
Lorini, por carta de denuncia, ya había avisado a Roma de la
llegada de Galileo y el
Santo Oficio
ya había comenzado la instrucción del caso.
En 1614, conoce a Juan Bautista Baliani, físico genovés, que
será su amigo y correspondiente durante largos años.
El
8 de febrero
1616,
Galileo envía su teoría de las
mareas
(Discorso del Flusso e Reflusso) al cardenal Orsini. Esta
teoría (a la cual se le ha reprochado durante mucho tiempo de
estar en contradicción con el principio de la
inercia
enunciado por el mismo Galileo, y que sólo puede explicar
pequeños componentes del fenómeno) pretendía demostrar que el
movimiento de la Tierra producía las mareas, mientras que los
astrónomos
jesuitas
ya postulaban con acierto que las mareas eran producidas por la
atracción de la
luna.
La censura de las teorías copernicanas (1616)
A pesar de pasar dos meses removiendo cielo y tierra para
impedir lo inevitable, es convocado el
16 de febrero
de
1616
por el Santo Oficio para el examen de las proposiciones de
censura. Es una catástrofe para él. La teoría copernicana es
condenada.[cita requerida]
El
25 de febrero
y
26 de febrero
de
1616,
la censura es ratificada por la Inquisición y por el
papa
Pablo V.
Aunque no se le inquieta personalmente, se ruega a Galileo
exponer su tesis presentándola como una hipótesis y no como un
hecho comprobado, cosa que no hizo a pesar de que no le fue
posible demostrar dicha tesis. Esta petición se extiende a todos
los países católicos.
La intransigencia de Galileo, que rechaza la
equivalencia de las hipótesis
copernicana y de Ptolomeo, pudo haber precipitado los eventos.
Un estudio del proceso por
Paul Feyerabend
(ver por ejemplo el Adiós a la Razón) muestra que la
actitud del inquisidor (Roberto
Belarmino)
fue al menos tan científica como la de Galileo, siguiendo
criterios modernos.
Este asunto afecta Galileo profundamente. Sus enfermedades le
van a atormentar durante los dos años siguientes y su actividad
científica se reduce. Sólo retoma su estudio de la determinación
de las longitudes en el mar. Sus dos hijas entran en órdenes
religiosas.
En
1618,
observa el pasaje de tres
cometas,
fenómeno que relanza la polémica sobre la incorruptibilidad de
los cielos.
En
1619,
el padre
jesuita
Horazio Grassi
publica De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomica.
En él defiende el punto de vista de
Tycho Brahe
sobre las trayectorias elípticas de los cometas. Galileo
responde al principio por la intermediación de su alumno
Mario Guiducci
que publica en junio
1619
Discorso delle comete donde desarrolla una teoría bizarra
sobre los cometas, afirmando que sólo se trataba de ilusiones
ópticas, incluyendo causas de fenómenos meteorológicos. Los
astrónomos jesuitas del
Observatorio Vaticano
decían, en cambio, que eran objetos celestes reales.
En octubre, Horazio Grassi ataca a Galileo en un panfleto más
hipócrita: sobre consideraciones científicas se mezclan las
insinuaciones religiosas malvadas y muy peligrosas en tiempos de
la
Contrarreforma.
Mientras, Galileo, animado por su amigo el cardenal
Barberini
y sostenido por la
Academia de los Linces,
responderá con ironía en Il Saggiatore. Grassi, uno de
los sabios jesuitas más importantes, es ridiculizado.
Mientras tanto, Galileo ha comenzado su estudio de los satélites
de Júpiter. Por culpa de dificultades técnicas se ve obligado a
abandonar el cálculo de sus
efemérides.
Galileo se ve cubierto de honores en
1620
y
1622.
El 28 agosto
1620,
el cardenal
Mafeo Barberini
envía a su amigo el poema Adulatio Perniciosa que él ha
compuesto en su honor. El
20 de enero
1621,
Galileo se convierte en cónsul de la Academia florentina. El
28 de febrero,
Cosme II, el protector de Galileo, muere súbitamente.
En
1622,
en
Fráncfort,
aparece una Apología de Galileo redactada por
Tommaso Campanella
en
1616.
Un defensor bastante poco confiable, puesto que Campanella ya
está convencido de herejía.
El 6 de agosto
1622,
el cardenal
Mafeo Barberini
es elegido
Papa
bajo el nombre de
Urbano VIII.
El 3 de febrero
1623
Galileo recibe la autorización para publicar su Saggiatore
que dedica al nuevo Papa. La obra aparece el
20 de octubre
1623.
Gracias a las cualidades polémicas (y literarias) de la obra, se
aseguró el éxito en la época. No permanece más que unos meses
allí en una atmósfera de gran efervescencia cultural, Galileo se
convierte de alguna manera en el representante de los círculos
intelectuales romanos en rebelión contra el conformismo
intelectual y científico impuesto por los
Jesuitas.
Los años siguientes son bastante tranquilos para Galileo a pesar
de los ataques de los aristotélicos. Aprovecha para perfeccionar
su
microscopio
compuesto (septiembre de
1624),
pasa un mes en Roma donde es recibido numerosas veces por
Urbano VIII.
Este último le da la idea de su próximo libro Diálogo sobre
los dos sistemas del mundo, obra que presenta de manera
imparcial a la vez el sistema aristotélico y el sistema
copernicano. Él encarga a Galileo de escribirla.
En
1626,
Galileo prosigue sus investigaciones sobre la estructura del
imán.
También recibe la visita de Élie Dodati, que llevará las copias
de sus manuscritos a
París.
En marzo de
1628,
Galileo cae gravemente enfermo y está a punto de morir.
El año siguiente, sus adversarios intentan privarle de la
asignación que recibe de la Universidad de Pisa, pero la
maniobra falla.
Hasta
1631
Galileo consagra su tiempo a la escritura del Diálogo y a
intentar que éste sea admitido por la censura. La obra se
imprime en febrero de
1632.
Los ojos de Galileo comienzan a traicionarle en marzo y abril.
Las posiciones del teólogo valón
Libert Froidmont
(de la
Universidad de Lovaina)
esclarecen bien todos los equívocos de la condena de Galileo.
La condena de 1633
El
21 de febrero
de
1632,
Galileo, protegido por el
papa
Urbano VIII
y el
gran duque de Toscana
Fernando II de Médicis,
publica en
Florencia
su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo
sobre los principales sistemas del mundo)
(Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo), donde se
burla implícitamente del
geocentrismo
de Ptolomeo. El
Diálogo
es a la vez una revolución y un verdadero escándalo. El libro es
en efecto abiertamente
pro-copernicano,
ridiculizando audazmente la interdicción de
1616
(que no será levantada hasta
1812:
a verificar).
El Diálogo se desarrolla en
Venecia
durante cuatro jornadas entre tres interlocutores: Filipo
Salviati, un Florentino seguidor de Copérnico, Giovan Francesco
Sagredo, un veneciano ilustrado sin tomar partido, y Simplicio,
un mediocre defensor de la física aristotélica, un personaje
quizás inspirado en
Urbano VIII.
Pero, mientras que se le reprocha el carácter ostensiblemente
peyorativo del nombre, Galileo responde que se trata de
Simplicio de Cilicia.
En estos cuatro días de discusión, Galileo, para probar que la
Tierra giraba alrededor del Sol cita el fenómeno de las mareas,
afirmando que eso se debía a la "sacudida" provocada por la
Tierra en dicho movimiento, lo cual era erróneo. En cambio, el
argumento aportado más tarde por los inquisidores para
rebatirla, era la correcta: que el flujo y reflujo de las mareas
se debe a la atracción de la luna. Sin embargo Galileo se burló
de ellos y les llamó "imbéciles". Es decir, Galileo, en lugar de
sostener sus tesis como hipótesis, se lanzó a darlas por
concluidas aportando sólo errores y, además, abusando de la
comprensión entusiasta de la Iglesia. Debemos señalar aquí que
la teoría del movimiento de la Tierra no se demostraría
científicamente como un hecho sino hasta
1748,
y más tarde, con el célebre
péndulo de Foucault
en
1851.
Además, Galileo había propuesto la reinterpretación de la Biblia
en algunos versículos que él entendía que habían quedado
refutados con sus hipótesis astronómicas, abandonando así el
campo estrictamente científico, en el que no sólo tenía absoluta
libertad, sino además, el aclamo y las felicitaciones de la
Iglesia, para adentrarse en otro campo que, como científico, no
le correspondía: el
teológico.
Galileo desoyendo los consejos de moderación provenientes de
quienes le reportaron honores y ayudas, incluyendo el propio
Papa, quien era su amigo, además de admirador, publicó su citado
libro, con la carga burlesca, que llegó a poner en boca de
Simplicio.
Por otro lado, Galileo escribió su citada obra en lengua vulgar,
en vez de hacerlo en el idioma culto utilizado entonces entre
los hombres de ciencia, el latín, y ello con el fin de "puentear"
a los teólogos y demás hombres de ciencia y llegar
inmediatamente al hombre de la calle. Lo cual fue juzgado como
una actitud precipitada porque no era prudente hacer llegar
hipótesis aún no confirmadas todavía como hechos y desarrolladas
por los sabios, al hombre común.
Además, Galileo no sólo se permitió abusar e insultar a sus
amigos y protectores, entre ellos el propio papa, sino también a
los hombres de ciencia de su época, a la sazón los astrónomos
jesuitas del Colegio Romano, contra los que lanzaba diatribas en
las que llamaba a los que no aceptaban el sistema copernicano:
"imbécil con la cabeza llena de pájaros" "apenas digno
de ser llamado hombre" " una mancha en el honor del
género humano" "que se ha quedado en la niñez" y
otras descalificaciones por el estilo.
De esta manera, la Iglesia percibió en Galileo cierta soberbia,
misma que fue la le llevó al procesamiento. En realidad fue toda
esta serie de comportamientos, la razón principal que le llevó a
Galileo a ser condenado por la Iglesia en
1633
y no su defensa de la tesis copernicana en sí.
El
papa
mismo se alinea entonces rápidamente con la opinión de los
adversarios de Galileo: él le había pedido una presentación
objetiva de las dos teorías, no un alegato por
Copérnico.
Galileo es entonces convocado de nuevo por el Santo Oficio, el
1 octubre
1632.
Enfermo, no puede acudir a Roma hasta febrero de
1633.
Los interrogatorios prosiguen hasta el
21 de junio
donde la amenaza de
tortura
es evocada bajo órdenes del papa; Galileo cede.
El
22 de junio
1633,
en el convento dominicano de
Santa María sopra Minerva,
Roma, se emite la sentencia: Galileo es condenado a la prisión
de por vida (pena inmediatamente conmutada por residencia de por
vida por
Urbano VIII)
y su obra es prohibida. Él pronuncia igualmente la fórmula de
abjuración
que el Santo Oficio había preparado y agradeció a los diez
cardenales que lo habían defendido, y en especial a los tres
cardenales que habían pedido su exculpación. Notemos de paso que
Galileo no pronunció jamás la famosa frase «Y sin embargo se
mueve» (Eppur
si muove),
la cual fue inventada por un periodista inglés en 1757, y
repetida más tarde por el italiano
Giuseppe Baretti,
otro periodista.
Finalmente, la condena fue esta: la obligación de rezar una vez
por semana los siete salmos penitenciales, durante el plazo de
tres años, más la de no alejarse demasiado de su lujosa villa en
Arcetri, pena esta última que fue levantada enseguida.
El texto de la sentencia es difundido por doquier: en Roma el
2 de julio,
el
12 de agosto
en
Florencia.
La noticia llega a Alemania a finales de agosto, en Bélgica en
septiembre. Los decretos del Santo Oficio no se publicarán jamás
en
Francia,
pero, prudentemente,
René Descartes
renuncia a la publicación de su Mundo.
Muchos (entre ellos Descartes), en la época, piensan que Galileo
era la víctima de una confabulación de los
Jesuitas
que se vengaban así de la afrenta sufrida por
Horazio Grassi
en el Saggiatore.
El fin
Galileo permanece confinado en su residencia en su casa de
Florencia
desde diciembre de
1633
a
1638.
Allí recibe algunas visitas, lo que le permitió que alguna de
sus obras en curso de redacción pudiera cruzar la frontera.
Estos libros aparecieron en
Estrasburgo
y en París en traducción latina.
En
1636,
Luis Elzevier recibe un boceto de los Discursos sobre dos
nuevas ciencias de la parte del maestro florentino. Éste es
el último libro que escribirá Galileo; en él establece los
fundamentos de la mecánica en tanto que ciencia y que marca así
el fin de la física aristotélica. Intenta también establecer las
bases de la resistencia de los materiales, con menos éxito.
Terminará este libro a lo justo, puesto que el
4 de julio
de
1637
pierde el uso de su ojo derecho.
El
2 de enero
de
1638,
Galileo pierde definitivamente la vista. Por suerte,
Dino Peri
ha recibido la autorización para vivir en casa de Galileo para
asistirlo junto con el padre Ambrogetti que tomará nota de la
sexta y última parte de los Discursos. Esta parte no
aparecerá hasta
1718.
La obra completa aparecerá en julio de
1638
en
Leiden
(Países
Bajos)
y en París. Será leída por las más grandes personalidades de la
época.
Descartes
por ejemplo enviará sus observaciones a
Mersenne,
el editor parisino.
Galileo, entre tanto, ha recibido la autorización de instalarse
cerca del mar, en su casa de San Giorgio. Permanecerá allí hasta
su muerte, rodeado de sus discípulos (Viviani,
Torricelli,
Peri, etc.), trabajando en la astronomía y otras ciencias. A
fines de
1641,
Galileo trata de aplicar la oscilación del péndulo a los
mecanismos del reloj.


Tumba de Galileo, en Santa-Croce,
Florencia.
Unos días más tarde, el
8 de enero
de
1642,
Galileo muere en
Arcetri
a la edad de 78 años. Su cuerpo es inhumado en
Florencia
el
9 de enero.
Un mausoleo será erigido en su honor el
13 de marzo
de
1736
en la iglesia de la Santa Cruz de Florencia.
Posteridad : de la incomprensión de los científicos hasta el
homenaje de la Iglesia
El proceso de Galileo, especialmente por su obra
Diálogo sobre los principales sistemas del
mundo
(1633),
hizo temblar considerablemente las bases sobre las que se basaba
la ciencia, al introducir el método científico. También afectó a
temas filosóficos, donde van a aparecer corrientes de
pensamiento
racionalista
(Descartes)
y
empíricas
(ver
Francis Bacon,
y también
Robert Boyle).
Siglo XVII: reacciones de los
científicos
La teoría del
heliocentrismo,
levanta cuestiones de interpretación de los textos
bíblicos
(como la Tierra fija al centro del Universo), y de
metafísica,
que producirán reacciones de los científicos [cita requerida]:
Siglo XVIII: el papa
Benedicto XIV
autoriza las obras sobre el
heliocentrismo
El
papa
Benedicto XIV
autoriza las obras sobre el
heliocentrismo
en la primera mitad del siglo XVIII, y esto en dos tiempos:
Siglo XX
A partir de
Pío XII
se comienza ha rendir homenaje al gran sabio que era Galileo. En
1939 este Papa, en su primer discurso a la
Academia Pontificia de Ciencias,
a pocos meses de su elección al papado, describe a Galileo
"el más audaz héroe de la investigación ... sin miedos a lo
preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los
monumentos"[15]
Su biógrafo de 40 años, el Profesor Robert Leiber escribió: "Pío
XII fue muy cuidadoso en no cerrar ninguna puerta a la Ciencia
prematuramente. Fue enérgico en ese punto y sintió pena por el
caso de Galileo."[16]
En
1979
y en
1981,
el papa
Juan Pablo II
encarga una comisión de estudiar la controversia de Ptolomeo-Copérnico
de los
Siglo XVI-Siglo
XVII.
Juan Pablo II considera que no se trataba de rehabilitación.[cita requerida]
El
31 de octubre
de
1992,
Juan Pablo II
rinde una vez más homenaje al sabio durante su discurso a los
partícipes en la sesión plenaria de la
Academia Pontificia de las Ciencias.
En él reconoce claramente los errores de ciertos teólogos del
Siglo XVII
en el asunto.
El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran
cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia. En
el caso Galileo propuso una revisión honrada y sin prejuicios en
1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio
por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la
tesis que Galileo carecía de argumentos científicos para
demostrar el heliocentrismo y sostuvo la inocencia de la Iglesia
como institución y la obligación de Galileo de prestarle
obediencia y reconocer su
magisterio,
justificando la condena y evitando una rehabilitación plena. El
propio
cardenal Ratzinger,
prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo
expresó rotundamente en 1990: «En la época de Galileo la Iglesia
fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso
contra Galileo fue razonable y justo».[17]
[18]
Siglo XXI: Hacia un nuevo
examen del juicio de Galileo
En
1633,
la Iglesia condenó a Galileo por razones bíblicas y científicas.
Pero, poco a poco, la ciencia demostró la veracidad de la teoría
de Galileo.
De acuerdo a
Stephen Hawking,
Galileo probablemente sea más aún el responsable del nacimiento
de la ciencia moderna que cualquier otro,[19]
y
Albert Einstein
lo llamó Padre de la ciencia moderna.[20]
Joël Col reconsidera la última fase del juicio del astrónomo: su
nueva tesis contradictoria a los versículos de la Biblia
sostenidos por la Iglesia.
En su libro Entre Galilée et l'Église: la Bible (Entre
Galileo y la Iglesia: la Biblia) el autor demuestra través de un
profundo estudio semántico que en los Textos hebreo y griego el
Sol no da la vuelta alrededor de la Tierra, al contrario de lo
que afirman las versiones de la Biblia. Concluye que si las
traducciones de la Biblia hubieran sido fieles a los Textos
originales, Galileo no habría sido condenado por “haber
sostenido y creído una doctrina falsa y contraria a la Divina y
Sagrada Escritura”. Como resultado de este estudio se clarifican
las numerosas discusiones llevadas a cabo a lo largo de los
siglos. Él trabaja para obtener la conformidad de las
traducciones de la Biblia con sus Textos originales y obtener,
también, la rehabilitación oficial de Galileo.
El
20 de enero de 2008
, se suscita una controversia presentada por 67[21]
profesores de la
Universidad de Roma « La Sapienza »
apoyados por los estudiantes para considerar al papa
Benedicto XVI
"persona non grata!, al punto que debió renunciar a
participar de la ceremonia de inauguración del año universitario
a la que había sido convidado y él aceptado. El Claustro no
olvidan y le reprochan al papa su posición medieval sobre el
affaire Galileo, y que está publicado en su discurso pronunciado
por él en
Parma
en 1990,[22]
en la que él cambia la interpretación de la Filosofía de la
Ciencia, y
Paul Feyerabend
juzga la posición de la Iglesia más racional que la mantenida en
la época de Galileo.[23]
Una manifestación en sostén del papa reune 100.000 fieles en la
plaza San Pedro
el
20 de enero de 2008
.[21]
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